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 eRNESTO sÁBATO

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MensajeTema: eRNESTO sÁBATO   Sáb Abr 30, 2011 11:32 pm

Ernesto Sabato (pronunciado «Sábato» y escrito generalmente con tilde, aunque él no la agregaba)(Rojas, Provincia de Buenos Aires, 24 de junio de 1911 - Santos Lugares, 30 de abril de 2011) fue un escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Escribió tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador, e innumerables ensayos sobre la condición humana.

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Sáb Abr 30, 2011 11:36 pm

Primeros años


Ernesto Sábato nació el 24 de junio de 1911 en la ciudad de Rojas, Provincia de Buenos Aires, Argentina, hijo de Francisco Sábato (Francesco Sabato)) y Juana María Ferrari (Giovanna Maria Ferrari). El décimo hijo de once, nació poco tiempo después de la muerte de su noveno hermano, Ernestito, por lo que él lleva su nombre.

En 1924 regresó de la escuela primaria de Rojas y viajó a La Plata para realizar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de La Plata, donde conoció al profesor Pedro Henríquez Ureña, a quien luego citaría como inspiración para su carrera literaria. En el año 1929 ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata.
Fue un militante del movimiento de Reforma Universitaria, fundando el Grupo Insurrexit en 1933, de tendencia comunista, junto con Héctor P. Agosti, Ángel Hurtado de Mendoza y Paulino González Alberdi, entre otros.
En 1933 fue elegido Secretario General de la Federación Juvenil Comunista. Y en un curso sobre marxismo conoció a Matilde Kusminsky Richter, una estudiante de 17 años, la cual abandonó la casa de sus padres para ir a vivir con él. En 1934 comenzó a tener dudas sobre el comunismo y sobre la dictadura de Iósif Stalin. El partido, que advirtió este cambio, decidió enviarlo por dos años a las Escuelas Leninistas de Moscú, en donde, según las palabras de Sabato:"Era un lugar en donde uno se curaba o terminaba en un gulag o en un hospital psiquiátrico".
Ernesto Sabato
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Sáb Abr 30, 2011 11:37 pm

Antes de Moscú, viajó a Bruselas como delegado del Partido Comunista de la Argentina al Congreso contra el Fascismo y la Guerra. Una vez allí, temiendo que de ir a Moscú no regresaría, abandonó el Congreso y huyó a París. Es ahí donde escribió su primera novela llamada La Fuente Muda.Regresó a Buenos Aires en 1936 y contrajo matrimonio por civil con Matilde Kusminsky Richter.

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Sáb Abr 30, 2011 11:39 pm

Sus años como investigador


En 1938 obtuvo el Doctorado en Física en la Universidad Nacional de La Plata. Gracias a Bernardo Houssay, le fue concedida una beca anual para realizar trabajos de investigación sobre radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie en París. El 25 de mayo de 1938 nació su primer hijo, Jorge Federico. En París entró en contacto con el movimiento surrealista y con la obra de Óscar Domínguez, Benjamín Péret, Roberto Matta Echaurren, Esteban Francés, entre otros. Esto marcaría una profunda influencia en sus futuras obras."Durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas. En el Dome y en el Deux Magots, alcoholizados con aquellos heraldos del caos y la desmesura, pasábamos horas elaborando cadáveres exquisitos".
Ernesto Sabato.
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Sáb Abr 30, 2011 11:42 pm

En 1939 fue transferido al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), por lo que abandonó París antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Regresó a Argentina en 1940 con la decisión de abandonar la ciencia, pero para cumplir con quienes le habían otorgado la beca se desempeñó como profesor en la Universidad de La Plata, en la cátedra de ingreso a Ingeniería
y en un postgrado sobre Relatividad y Mecánica Cuántica."En el Laboratorio Curie, en una de las más altas metas a las que podía aspirar un físico, me encontré vacío de sentido. Golpeado por el descreimiento, seguí avanzando por una fuerte inercia que mi alma rechazaba".
Ernesto Sabato


En 1943, debido a una crisis existencial, decidió alejarse de forma definitiva del área científica para dedicarse de lleno a la literatura y la pintura. Se instaló entonces en Pantanillo, en la provincia de Córdoba, para residir en un rancho sin agua ni luz pero entregado a la escritura.
A fines de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, nació su segundo hijo, Mario Sabato, quien de adulto sería un conocido director de cine.

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Sáb Abr 30, 2011 11:55 pm

Carrera literaria



En 1941 apareció su primer trabajo literario, un artículo sobre La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares, en la revista Teseo de La Plata. También publicó una colaboración en la revista Sur de Victoria Ocampo, por intervención de Pedro Henríquez Ureña. En 1942 continuó colaborando en aquella publicación con reseñas de libros, se encargó de la sección "Calendario" y participó del "Desagravio a Borges" en el N.º 94 de Sur. Publicó artículos en el diario La Nación y se presentó su traducción de Nacimiento y muerte del sol de George Gamow. Al año siguiente publicaría la traducción de El ABC de la relatividad de Bertrand Russell.
En 1945 publicó su primer libro, Uno y el universo, una serie de artículos filosóficos en los que critica la aparente neutralidad moral de la ciencia y alerta sobre los procesos de deshumanización en las sociedades tecnológicas. Con el tiempo iría avanzando hacia posturas libertarias y humanistas. Ese mismo año recibió, por el libro, el primer premio de prosa de la Municipalidad de Buenos Aires y la faja de honor de la Sociedad Argentina de Escritores.
En 1948, después de haber llevado los manuscritos de su novela a las editoriales de Buenos Aires y de ser rechazado por todas, publicó en la revista Sur El túnel, una novela psicológica narrada en primera persona. Enmarcada en el existencialismo, una corriente filosófica de enorme difusión en la época de posguerra, El túnel recibió críticas entusiastas de Albert Camus, quien lo hizo traducir por Gallimard al francés. Aparte de éste, la novela ha sido traducida a más de diez idiomas.
En 1951 se publicó el ensayo Hombres y engranajes bajo la editorial Emecé y al año siguiente, en 1952, se estrenó en la Argentina la película de El túnel, una producción de Argentina Sono Film, dirigida por León Klimovsky. En 1953, nuevamente bajo la editorial Emecé, editó el ensayo Heterodoxia.
En 1955 fue nombrado interventor de la revista Mundo Argentino por el gobierno de facto impuesto por la Revolución Libertadora, cargo al que renunciaría al año siguiente por haber denunciado la aplicación de torturas a militantes obreros. Ese mismo año presentó El otro rostro del peronismo: Carta abierta a Mario Amadeo, en donde, sin abdicar de sus antipatías hacia la figura del ex presidente Juan Domingo Perón, efectúa la defensa de Evita y sus seguidores; posición que le crearía numerosas críticas de los sectores intelectuales argentinos, que eran mayoritariamente opositores al gobierno derrocado.
En 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, Sabato fue designado Director de Relaciones Culturales en el Ministerio de Relaciones Exteriores; puesto al que también renunciaría al año siguiente por discrepancias con el gobierno.
En 1961 publicó Sobre héroes y tumbas, que ha sido considerada como una de las mejores novelas argentinas del siglo XX.Se trata de una novela que narra la historia de una familia aristocrática argentina en decadencia, intercalada con relato intimista sobre la muerte del General Juan Lavalle, héroe de la Independencia.
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 01, 2011 12:02 am


"Cuando decidí tomarlo para mi novela, no era, en modo alguno el deseo de exaltar a Lavalle, ni de justificar el fusilamiento de otro gran patriota como fue Dorrego, sino el de lograr mediante el lenguaje poético lo que jamás se logra mediante documentos de partidarios y enemigos; intentar penetrar en ese corazón que alberga el amor y el odio, las grandes pasiones y las infinitas contradicciones del ser humano en todos los tiempos y circunstancias, lo que sólo se logra mediante lo que debe llamarse poesía, no en el estrecho y equivocado sentido que se le da en nuestro tiempo a esa palabra, sino en su más profundo y primigenio significado".
Ernesto Sabato.


La novela también incluye el Informe sobre ciegos que a veces se ha publicado como pieza separada, y sobre el cual su hijo, Mario Sabato realizó una película. En 1965 se lanzó el disco «Romance de la muerte de Juan Lavalle; cantar de gesta», con textos recitados de Sobre héroes y tumbas y canciones con letra de Sabato y música de Eduardo Falú. En ese mismo año en Milán, se tradujo al italiano el libro.

En 1966, la Editorial Losada ofreció Obras de Ficción, con prólogo de Harley D. Oberhelman. En 1967, Sobre héroes y tumbas se tradujo al francés como Alexandra, y también al alemán, con introducción de Witold Grombrowicz. Continuamente, presentó Pedro Henríquez Ureña: ensayo y antología, homenaje a su maestro y amigo. En 1968 editó, en la Editorial Universitaria de Santiago de Chile, Tres aproximaciones a la literatura de nuestro tiempo, mientras que en Copenhague se tradujo Sobre héroes y tumbas al danés.
En 1971, publicó Claves Políticas y comenzó a colaborar con el periódico La Opinión. En 1973, organizó sus ensayos sobre el tema La cultura en la encrucijada nacional y obtuvo el premio del Institut fur Auslandsbeziehungen de Stuttgart, República Federal de Alemania.
Su siguiente novela, Abaddón el exterminador se publicó en 1974; de corte autobiográfico con una estructura narrativa fragmentaria y de argumento apocalíptico en el cual Sabato se incluye a sí mismo como personaje principal y retoma a algunos de los personajes ya aparecidos en Sobre héroes y tumbas. En aquel año recibió el Gran Premio de la Sociedad Argentina de Escritores(SADE).

En 1975, Sabato obtuvo el premio de Consagración Nacional de la Argentina. En 1976, se le concedió el premio a la Mejor Novela Extranjera en París, Francia, por Abaddón el exterminador, mientras que en Italia recibió el premio Medici. Al año siguiente, en 1978, le otorgaron la Gran Cruz al mérito civil en España. En 1979 fue distinguido en Francia como Comandante de la Legión de Honor.

Por solicitud del presidente Raúl Alfonsín, presidió entre los años de 1983 y 1984 la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cuya investigación, plasmada en el libro Nunca Más, abrió las puertas para el juicio a las juntas militares de la dictadura militar en 1985.

En 1984 recibió el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario concedido a los escritores de habla hispana. Fue el segundo escritor argentino en recibir este premio, luego de Jorge Luis Borges en 1979. Se conserva su discurso en ocasión de la recepción del premio citado. También la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires lo nombró Ciudadano Ilustre, recibió la Orden de Boyacá en Colombia y la OEA le otorgó el premio Gabriela Mistral. Dos años más tarde, en 1986, se le hizo entrega de la Gran Cruz de Oficial de la República Federal de Alemania. Luego, fue distinguido con el título de Comandante de la Legión de Honor de Francia. En 1989 y en Israel, adquirió el premio Jerusalén y fue nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de Murcia, España; en 1991 por la Universidad de Rosario y la Universidad de San Luis de Argentina, y en 1995 por parte de la Universidad de Turín, Italia.

El 21 de diciembre de 1990, en su casa de Santos Lugares se casa por iglesia con Matilde Kusminsky Richter. La ceremonia fue oficiada por el MonseñorJusto Oscar Laguna y Monseñor Jorge Casaretto.
En 1995 murió su hijo Jorge Federico en un accidente automovilístico. En 1997 recibió el XI Premio Internacional Menéndez Pelayo. El 30 de septiembre de 1998 falleció su esposa, Matilde Kusminsky Richter, y publicó sus memorias bajo el título de Antes del fin y el 4 de junio de 2000 presentó La Resistencia en la página de Internet del diario Clarín, convirtiéndose de esta manera en el primer escritor de lengua española en publicar un libro gratuitamente en Internet antes que en papel.La edición en papel sería lanzada el 16 de junio.
Residió desde 1945 en la localidad de Santos Lugares, Provincia de Buenos Aires, donde sólo se dedicó a la pintura, ya que por prohibición médica no podía leer ni escribir. Desde 2005 dejó de salir de su casa y llevaba una vida rutinaria, asistido por enfermeras y asistentes, que le preparaban la comida y le leían durante la tarde hasta que se dormía. Esto se debe a que por su avanzada edad (99 años) no podía recibir emociones fuertes.
El 11 de febrero de 2009 la SGAE lo propuso por tercera vez ante la Academia Sueca como candidato al Premio Nobel de Literatura de 2009 junto con los escritores españoles Francisco Ayala y Miguel Delibes.
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 01, 2011 12:08 am

Fallecimiento


Falleció en su hogar en Santos Lugares durante la madrugada del 30 de abril de 2011, 55 días antes de cumplir 100 años, a causa de una neumonía derivada de una bronquitis que lo aquejaba desde hacía algunos meses (también padecía serios problemas de visión). Según informaron sus allegados, el velatorio se realizó a partir de las 17 h del mismo día en el club Defensores de Santos Lugares. A pesar de su última petición de que sus restos fueran inhumados en el jardín de su vivienda y que no se enviaran ofrendas florares, será enterrado en el cementerio Jardín de Paz, en Pilar. A su funeral, asistieron personalidades como Magdalena Ruiz Guiñazú, Francisco de Narváez, Graciela Fernández Meijide, Ricardo Alfonsín y Daniel Filmus. Su deceso fue confirmado por su colaboradora Elvira González Fraga, quien declaró: «Estaba sufriendo hace tiempo, pero todavía pasaba algunos momentos buenos, principalmente cuando escuchaba música.»

Su muerte coincidió con la celebración de la ciudad de Buenos Aires como Capital Mundial del Libro 2011, y con el desarrollo de la 37ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Un día después recibiría un homenaje conjunto a su persona y a Adolfo Bioy Casares en la sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro, por parte del Instituto Cultural en la Feria del Libro llevada a cabo en Buenos Aires, y los preparativos para las celebraciones del centenario de su natalicio ya estaban en marcha.

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 01, 2011 12:10 am

Repercusiones inmediatas a su muerte


Los medios de prensa definieron de inmediato el fallecimiento de Sabato como el de una figura que sobrepasó la literatura para convertirse en ícono del regreso democrático en la Argentina. En su portada digital del 30 de abril, el periódico «El País» de España lo llamó «último clásico de las letras argentinas» y el periódico «El Mundo» de España lo tituló «el último superviviente de los escritores con mayúscula de la Argentina».
Ricardo Gil Lavedra, quien integró el Tribunal que juzgó a las juntas militares, dijo pocas horas después de la muerte de Sabato: «Fue una personalidad emblemática». León Arslanian aseguró: «fue muy importante el aporte que hizo la CONADEP y su influencia. Tiempo después, tuvimos la oportunidad de dialogar, su visión siempre fue trágica, reproducía el horror que de algún modo a él le tocaba comentar».
En las redes sociales se reiteraron rápidamente los mensajes relacionados con vivencias, recuerdos y frases del escritor. La más registrada y reproducida pocos minutos después de su muerte fue su oración: «La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse».

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 01, 2011 12:10 am

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 01, 2011 12:11 am

Ensayos


Ernesto Sabato, junto a Ben Molar y Julio de Caro.



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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 01, 2011 12:11 am

Info: Wikipedia.
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 01, 2011 12:13 am

EL ESCRITOR ATORMENTADO.

Al final de su vida, él decía ser "una especie de anarquista cristiano que sólo cree en la paz y en la justicia social". La vida y la obra de Ernesto Sabato pueden leerse como un viaje hacia lo más íntimo, hacia lo familiar y lo extraño. Una parábola de la clase media argentina, con sus vaivenes políticos, pesadillas, búsquedas de identidad.


Sabato fue un hombre comprometido con el tiempo que le tocó vivir. Más allá de las polémicas con García Márquez, Soriano, Gelman y Bayer por su supuesto apoyo a la dictadura militar de 1976 -un tema aclarado por la investigación de Angela Dellepiane en "El intelectual frente a la realidad argentina", incluida en la edición crítica de "Sobre héroes y tumbas" preparada por María Rosa Lojo para la UNESCO y publicada por Alción- lo cierto es que desde la recuperación de la democracia en 1983 Sabato fue, para muchos, un símbolo. Lo fue por su trabajo en la Conadep, la comisión que a pedido del presidente Raúl Alfonsín investigó los crímenes de la última dictadura militar.


Sabato fue escritor, pintor tardío, físico desilusionado de la ciencia, humanista. El mundo lo conoce por la narrativa de "El túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961) y "Abaddón el exterminador" (1974). También por el informe de la CONADEP, "Nunca más" (1985). Entre los muchos honores recibidos, España le dio el Premio Cervantes en 1984 y Francia lo nombró comendador de la Legión de Honor en 1987.


Escribió además ensayos filosóficos y políticos, que marcan un itinerario vital: "Uno y el universo" (1945), "Hombres y engranajes" (1951), "El otro rostro del peronismo" (1956), "El escritor y sus fantasmas" (1963), "La cultura en la encrucijada nacional" (1973), "Apologías y rechazos" (1979), "Antes del fin" (1998) y "La resistencia" (2000). Como pintor, Sabato podía imaginar a los personajes de Kafka frente a un tribunal invisible. En 1999 sus óleos llegan a cotizarse a cien mil dólares, que Amalia Fortabat paga con gusto.


Por sobre todo, Sabato fue él mismo, contra los que quisieron etiquetarlo. Había nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires, el 24 de junio de 1911. Sus padres, Francesco Sabato y Giovanna Ferrari, venían de Cosenza, Italia. Prosperaron hasta establecer en Rojas un molino harinero y criaron once hijos varones. Ernesto era el décimo varón. La familia Sabato era "clásica y jerárquica", dijo alguna vez. Representaba bien a aquella clase media de provincias. Arturo, el más chico, llegaría a ser director de YPF en tiempos de Frondizi. Juan sería un experto en petróleo, a favor de Illia en la anulación de los contratos petroleros. Otro hermano, Lorenzo, será intendente en Rojas. "Mi padre era severísimo y yo le tenía terror, mi madre me escondía debajo de la cama matrimonial para evitarme un castigo", admitió el escritor a uno de sus biógrafos, Carlos Catania. Hasta los 13 años tuvo insomnio, sonambulismo, alucinaciones y pesadillas angustiosas. Muy apegado a su madre, Sabato tendrá el primer corte con el mundo familiar en 1924, cuando inicia sus estudios secundarios en el Colegio Joaquín V. González, dependiente de la Universidad de La Plata. Entre sus profesores están Pedro Henríquez Ureña y Ezequiel Martínez Estrada. Se destaca en ciencias: "Todo el orden, toda la pureza, todo el rigor que faltaba en mi mundo de adolescente y que desesperadamente anhelaba, se revelaba en ese orden transparente de las formas geométricas", dirá después.


En 1929 entra en la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas en La Plata y tiene militancia política, primero anarquista y luego comunista. En un curso de marxismo conoce a su futura esposa, Matilde Kusminsky Richter. Se casarán en 1936 y tendrán dos hijos, Jorge Federico en 1938 y Mario, en 1945. Matilde también escribe y será su gran apoyo espiritual. Hacia 1933 Sabato es secretario general de la Juventud Comunista en La Plata, usa nombres falsos y vive en un cuarto de pensión en Avellaneda. Romperá con el PC en 1935 en Bruselas, desconfía de Stalin y de sus sangrientas purgas contra la vieja guardia bolchevique. Decide volver a Buenos Aires, dispuesto a ser un científico. En 1938 ya es doctor en ciencias físico matemáticas por la Universidad de la Plata, Bernardo Houssay, directivo de la Asociación para el Progreso de las Ciencias, lo beca para el Instituto Curie de París. Pero él escribía y pintaba en secreto. En París se reúne en el Cafe de Dome con el grupo de los surrealistas, entre ellos André Breton y Tristan Tzara. Esta marca del surrealismo será profunda, se percibe en el "Informe sobre ciegos", momento clave de "Sobre héroes y tumbas".


Fantasea con abandonar la ciencia y lo concretará en 1943. La ciencia le parece amoral y la deja "porque consideré que llevaría el mundo hacia el desastre". Desde 1941, entusiasmado por "La invención de Morel", de Adolfo Bioy Casares, se relaciona con la revista Sur y el grupo literario cercano a Victoria Ocampo, conoce entonces a Borges. En 1943 escribe los borradores de "Uno y el Universo", con él gana en 1945 el Primer Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires. Desde 1944 vive en Santos Lugares, que en esa época era un pueblo de campo. Se gana la vida escribiendo notas de divulgación científica. El golpe militar de 1943 y la llegada del peronismo al poder en 1946 son hechos traumáticos para Sabato, que apoya a Houssay ante la expulsión de profesores en la Universidad. Lo condenan a dos meses de cárcel y pierde sus cátedras en La Plata. En 1948 publica en Sur su novela "El túnel", que deslumbra en Francia a un lector privilegiado, Albert Camus, él recomienda al editor Gallimard la traducción del texto, adaptado al cine en 1952 por León Klimovsky.

Con la caída del peronismo en setiembre de 1955, Sabato es nombrado director de la revista "Mundo Argentino". Pero los fusilamientos de junio de 1956 y las torturas contra militantes peronistas -que denuncia en la revista- lo enfrentan con el interventor de la publicación. Sabato renuncia y publica "El otro rostro del peronismo", donde matiza sus críticas a Perón, actitud que lo distanciará de Borges. En 1961 la publicación de "Sobre héroes y tumbas" lo consagra ante la crítica y el público. Hasta 1967 se suceden siete ediciones con 120.000 ejemplares vendidos. La novela juega con los fantasmas personales del escritor y los desgarramientos de la historia argentina, desde las guerras civiles del siglo XIX hasta 1955.

La espiral de violencia de la década de 1970 será el tema de su novela "Abaddón, el exterminador", consagrada en 1976 en Francia como "libro del año". Al comienzo de esa década vive amenazado por la Triple A durante la debacle del gobierno de Isabel Perón. Sabato escribe un ensayo en 1976, "Nuestro tiempo del desprecio", además de artículos periodísticos donde denuncia la represión militar, que se publican en el extranjero y le traen amenazas aquí.
Durante la dictadura integra organismos de derechos humanos con Adolfo Pérez Esquivel y María Elena Walsh, entre otros. Pero lo que algunos le reprochan es el almuerzo con Videla en mayo de 1976, a pocas semanas del golpe militar, cuando Sabato acompañó a Borges, al sacerdote Leonardo Castellani y al presidente de la SADE, Alberto Ratti. Como anota Angela Dellepiane en su investigación para la UNESCO, el diario La Razón del 20 de mayo de 1976 y La Opinión del 21 de mayo -aún dirigida por Jacobo Timerman- dan el testimonio directo de Sabato sobre lo ocurrido. "Hay otra cosa que me angustia y que me sentí en la obligación de plantear, la caza de brujas", dice el escritor en La Opinión, agregando que "di nombres de personas que honran al país y que han sufrido expulsión de sus lugares de trabajo y hasta detención", en relación con los casos de Antonio Di Benedetto y el arquitecto Jorge Hardoy. También está el testimonio de la periodista Julia Constenla, que en 1995 contó en la revista La Maga que Sabato había consultado con ella y con otros intelectuales por la invitación: "le recomendamos que fuera. Castellani y Sabato acordaron que el primero pediría por Haroldo Conti y Sabato por Di Benedetto, eso fue así para personalizar el reclamo y evitar que Videla pudiera decir que eran solo rumores".


Ya desde los años 70 Sabato siente que, como escritor, ha dicho "todo lo que tenía que decir sobre los grandes temas de la condición humana: la muerte, el sentido de la existencia, la soledad, la esperanza y la existencia de Dios". Como un epitafio, en 1983, él confesará públicamente: "Soy un simple escritor que ha vivido atormentado por los problemas de su tiempo, en particular por los de su nación. No tengo otro título".
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 01, 2011 12:15 am

Carta de su hijo.

Queridos amigos:
Hace pocas horas murió mi padre.
Sé que todos ustedes comparten la tristeza que sentimos en la familia.
Porque mi padre no nos pertenecía solo a nosotros.
Con orgullo, con alegría, sabemos que lo compartimos con mucha gente, que lo quiso y lo necesitó tanto como nosotros.
Desde las cinco de la tarde, lo vamos a despedir como él lo deseó. En el club de su barrio, Defensores de Santos Lugares.
"Cuando me muera, quiero que me velen acá, para que la gente del barrio pueda acompañarme en este viaje final... Y quiero que me recuerden como un vecino, a veces cascarrabias, pero en el fondo un buen tipo... Es a todo lo que aspiro".
Mario Sabato
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Lun Mayo 02, 2011 10:01 pm

“Se va en paz, cumplió con lo que debía hacer”


El otoño caía triste, silbando su réquiem, el mediodía en que los familiares, amigos íntimos y un puñado de lectoras “infiltradas” en el Jardín de Paz, en Pilar, despidieron a Ernesto Sabato. Imborrables, delante de los ojos, como una llamarada de melancolía, flameaban por el aire algunas hojitas amarillas, tan frágiles en su rauda peregrinación hacia el césped. Una bandera argentina envolvía el féretro del escritor. Mario, su hijo; Elvira González Fraga, su última compañera, acompañada por sus dos hijos y su hermano, el economista Javier González Fraga; Julia Constenla, biógrafa del escritor; Mario “Pacho” O’Donnell, el ex fiscal del Juicio a las Juntas Militares, Julio César Strassera; y el presidente del Instituto de Cultura de la provincia de Buenos Aires, Juan Carlos D’Amico, entre otros, caminaban, despacio, como si intentaran aplazar el final. El autor de Sobre héroes y tumbas alguna vez recordó que durante su infancia no se podían expresar los sentimientos. Y mucho menos llorar. No era de hombres la ternura. “Acá están tres de las personas que más he querido en mi vida: mi hermano adorado (por Jorge), mi madre (por Matilde) y ahora está él –dijo Mario, surfeando por la emoción, como podía–. Se va en paz, cumplió con lo que tenía que hacer.” “Si es cierto que puede estar en alguna parte oyendo –agregó el hijo–, le quiero decir: ‘Vos, papá; vos, mamá; vos, Jorgito, quédense tranquilos. Yo me hago cargo.” Ni una palabra más. El resto fue silencio.

La ceremonia fue breve. “Ernesto tenía un gran don de gente para la gente sencilla y una actitud difícil hacia el mundo intelectual”, recordó Elvira, su última compañera. En los últimos cuatro años que no pudo salir de su casa de Santos Lugares, Sabato fue resignando pequeños gustos que jamás imaginó que abandonaría, excepto por la enfermedad. “No podía estar sin tomar vino, y sin embargo fue aceptando comer una comida triturada, mínima. Yo le daba vino cuando nadie veía, pero no era algo que él podía tomar.” Elvira –Elvirita, como la llamaba el escritor– estaba extenuada. Pero entera. “Ernesto nos deja una fidelidad a una manera de ser. En este mundo se nos ha ido el zapping un poco también al espíritu; vivimos en actitud de zapping, en actitud fragmentada –planteó–. Si deja algo es que, aun a través de sus errores, siempre se jugó por lo que pensaba, por más que estuviera equivocado. Después, incluso, pedía perdón.”

El paño de la memoria podría desplegarse aun más si no fuera por el cansancio. “Cuando la Argentina estuvo mal, Ernesto escuchaba el noticiero llorando. A veces caía en grandes depresiones. Cuando se agarraba una gran depresión, se cruzaba de brazos como si ahí se fuera a morir. Yo ya no sabía qué decirle para que se alegrara. Entonces me iba a la cocina y llamaba a la cárcel de Ezeiza, a Cristina, una chica que estaba presa. Al rato volvía y le decía:’ Ernesto, Ernesto, está Cristina desde la cárcel de Ezeiza’. ‘No puedo atender a nadie’, me contestaba. ‘Pero mirá que la dejan hablar una vez por semana, así que... por favor, fijate lo que hacés’.”

Y el hueso duro de roer, la depresión de Sabato, se ablandaba. La estrategia de Elvira daba resultados. “El se levantaba, ni podía hablar, pero le daba ánimo. Y de paso se llenaba él de ánimo.”

Como si el viento alentara el galope de las evocaciones íntimas, Constenla repasó, una vez más, cómo lo conoció, allá por 1949, cuando era una joven de 20 años que se había deslumbrado con El túnel. Buscó el teléfono en la guía y lo llamó. Sabato le propuso que lo fuera a ver a Santos Lugares. Su biografía, Ernesto Sabato. Un hombre (Sudamericana), se reeditará en estos días con un nuevo prólogo. “Sabato estaba yéndose desde hace mucho tiempo. El dijo una frase, hace ocho años, con la que termino mi libro: ‘He dicho todo lo que tenía que decir, he escrito todo lo que tenía que escribir. Es hora de que me llame al silencio’.” Hay un último recuerdo dentro del silencio. “Todos los sábados íbamos a almorzar a su casa, con una de sus nueras, con Lidia, la viuda de Jorgito. Ya era penoso porque tenía la sensación de que a veces me conectaba y a veces no. El me decía ‘Chiquita, Chiquita’, me palmeaba, sospecho que tratando de reconocerme. Para los recuerdos lejanos se orientaba bastante bien. Le hablé de su madre y de José, su hermano, el que se había ido con el circo”, comentó la biógrafa.

“Yo quería ser José –le dijo–. Yo quería irme con el circo.”

Como estaba muy embalado y Constenla creía que podía capitalizar ese envión de entusiasmo, continuó. “Qué cosa, tu madre: once varones, once pares de calzoncillos y una sola hija mujer.” Sabato se sobresaltó y le dijo: “Mamá no tuvo una hija mujer”. La lucidez todavía pulseaba en su agitado interior. “Claro que no tuvo –le confirmó Constenla–, pero ella siempre pensó que Matilde era su hija mujer.” “¿Quién es Matilde?”, le preguntó Sabato, completamente desconcertado.

El olvido, que cavaba lentamente su fosa, había suprimido de la memoria del autor de Sobre héroes y tumbas a Matilde, su primera mujer, la madre de sus hijos. “Fue una larga y penosa despedida”, concluyó su biógrafa.

La generosidad. Pacho O’Donnell apoyaba su paraguas mientras subrayaba los gestos que Sabato tuvo con él. “Yo volví precozmente de mi exilio en 1980. Un año después presentó mi libro, El tigrecito de Mompracen. El hecho de que lo presentara fue muy importante para mí. Además de un reconocimiento a mi literatura, fue una cobertura, porque la cosa todavía estaba muy pesada.” La generación de O’Donnell estuvo muy influida, según reconoció el escritor, por Sobre héroes y tumbas. “Así como Hernández encontró la forma y el fondo del gaucho, Sabato encontró el fondo y la forma del porteño medio, sus respiraciones, sus neurosis, sus dificultades.” La muerte –agregó– tiene que poner en marcha un “mayor” reconocimiento de su literatura. “Sabato fue uno de los primeros que hizo públicas sus críticas al stalinismo, mucho antes que Octavio Paz o de Bernard-Henri Lévy; pero con eso se ganó la antipatía de sectores amplios de la izquierda; antipatía que sigue hasta hoy, cuando no dejan de reprocharle su almuerzo con Videla hasta extremos insólitos.”

–Pero ese almuerzo es reprochable.

–Sí, es un error; él mismo me dijo que había sido un error. Pero era fácil cometer errores en esos tiempos. Si no aceptaba una invitación de Videla, lo más probable era que tuviera que irse. Esa fue la explicación que dio (René) Favaloro, a quien nunca le reprocharon el hecho de que también almorzó con Videla.

Por Silvina Friera


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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Lun Mayo 02, 2011 10:07 pm

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Lun Mayo 02, 2011 10:07 pm

EL ESCRITOR Y SUS FANTASMAS



Por Silvina Friera

Ernesto Sabato, que falleció el sábado a los 99 años, fue velado en el club de Santos Lugares y luego sus restos inhumados en el Jardín de Paz. El escritor participó en el devenir político de la Argentina con las contradicciones de una sociedad a la que representó no sólo en la literatura.

Escriben Mempo Giardinelli Silvina Friera Eduardo Fabregat María Rosa Lojo Facundo Gari
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Lun Mayo 02, 2011 10:10 pm

La importancia de llamarse Ernesto


Por Juan Sasturain


Hacía muchos años que no releía Sobre héroes y tumbas. Lo hice en estos días. Voy a ser obvio: es una novela original y poderosa, con momentos memorables, insustituible en la narrativa argentina. Tan poderosa es, que sobrevive holgadamente a sus gruesos defectos, que son los del autor: el afán explicativo, el exceso de énfasis, la discursividad elocuente, la impune repetición del predicador convencido. Es que, ni antes ni después, Sabato escribió algo mejor. Ahí puso todo y funcionó, pese o gracias a la desmesura; pese a sí mismo, podemos aventurar.


La novela tiene personajes y secuencias inol-vidables, absolutamente logradas. Se destaca –como suele señalarse– el tercer segmento de la historia, el celebérrimo relato autónomo del “Informe sobre ciegos” en que campea soberano, en palabra y obra, Fernando Vidal Olmos, alienado digno del mejor Arlt o del penúltimo David Lynch. Pero también sigue sosteniéndose con toda su potencia lírica y evocadora el largo, alevoso contrapunto final entre la mítica (acaso fraguada, incluso) epopeya de la Legión de Lavalle portando el cadáver ya descarnado de su jefe siempre hacia el norte por la Quebrada, y la marcha hacia el sur y la Patagonia de Martín con el camionero Bucich, con la invencible escena del epílogo, con los dos meando a un costado del camino y bajo las lejanas estrellas: “Bueno, a dormir, pibe. Mañana atravesamos el Colorado.” Es uno de los grandes finales de la literatura argentina.

Y no sólo esos momentos ya clásicos. A lo largo del primer segmento, “La Princesa y el Dragón”, el personaje de Alejandra alcanza, a través de la mirada del frágil Martín, una dimensión mítica. Nadie que haya leído esta novela a los veinte años –como nos pasó a muchos, por entonces– puede olvidar a esa mina oscura, una pendeja apenas, y sus relatos perturbadores. A partir de esta secuencia, espacios como el Parque Lezama y la casona de Barracas se convirtieron de una vez y para siempre en locaciones del misterio. Sólo hay dos Alejandras en nuestra literatura: Pizarnik y ella.

La extensa crónica de Bruno sobre su relación con Fernando Vidal Olmos, que abarca –con clima arltiano– un largo período de la historia política y social argentina, que va de la segunda a la cuarta década del siglo, ocupa gran parte del último tramo de la novela –“Un dios desconocido”– y tiene sustancia y tono propios, material narrativo suficiente como para una novela aparte. En ese sentido, Sobre héroes y tumbas cuenta, saludablemente, más historias y tira más puntas que las que está dispuesta a cerrar. Además, están los intervalos costumbristas, con dos personajes ocasionales y contrapuestos, construidos ambos a partir del registro verbal: el pintoresco Heriberto J. D’Arcángelo en su entorno de la Boca, prestado de Calé y César Bruto; o el desatado Quique de la boutique de Barrio Norte, que anuncia las sátiras de Landrú en Tía Vicenta. Aunque muchos de sus gestos ulteriores parecerían demostrar lo contrario, Sabato supo también reír y hacer reír.

En realidad, no se privó, para bien o para mal, de nada. La novela transcurre durante los dos últimos años del gobierno de Perón y se nota todo el tiempo. Si Beatriz Guido había contado –y no sólo ella– el incendio del Jockey Club desde una perspectiva de (su) clase, en Sobre héroes y tumbas, para cerrar el segundo segmento –que antecede al “Informe”–, se incluye una larga y eficaz secuencia que, tras escueta referencia al bombardeo criminal de Plaza de Mayo, reconstruye la noche de la quema de las iglesias, con un Martín que oficia de espectador de la disputa entre la dama rubia y el muchachito peronista. Como ha señalado Ernesto Goldar en su momento, en la visión apocalíptica de Sabato, el fuego (las iglesias, la casa y el mirador de Barracas) funciona como recurso necesario de expiación tras la trasgresión, que en su mirada es moral y política.

Cabe recordar que Sobre héroes y tumbas se publicó en 1961 en la colección Anaquel, de Fabril Editora, la misma en que salieron –por la misma época– la memorable El astillero de Onetti y la inicial Sudeste del joven Conti. Hace exactamente cincuenta años. Que son los que tenía Sabato, nacido en 1911, que vivió –días más o menos– otros cincuenta. Así es que acá estamos –dantescamente– en medio del camino de la vida.

Todos sus textos anteriores –los sesudos ensayos de Hombres y engranajes y Uno y el universo, el ejercicio narrativo de El túnel y la meditada incursión política de El otro rostro del peronismo– con su medida originalidad, no anticipaban el desborde formal de esta novela desaforada, que no se parece a nada de lo que se escribía por entonces. Y es evidente también que los principales textos que la siguieron, de El escritor y sus fantasmas a la presuntuosa Abaddón el Exterminador –lo demás es miscelánea– no son en el fondo más que expansiones, reiteraciones, vueltas a una tuerca falseada.

Lo que se falseó fue la fijación en el personaje. El personaje Sabato, digo, devenido referencia directa o indirecta de todos sus textos y/o participaciones públicas durante décadas de procerato. En ensayos incisivos y demoledores, críticos perspicaces como Jorge B. Rivera o el brillante Claudio Uriarte hicieron en su momento la vivisección del soberbio maestro. No cabe ahora la autopsia. Sólo recordar en qué medida la actitud de tácito magisterio que Sabato se (auto) adjudicó y le adjudicaron más o menos interesadamente, lo llevó a colocarse –sin pudores ni reservas– más allá del bien y del mal, “por encima” de las contradicciones ocasionales, en un terreno de natural impunidad que le permitió –famosamente– primero asistir a una reunión con Videla y luego presidir la Conadep. Hay algo que no cierra.

Como lector inteligente que era, Sabato antologó alguna vez a Oscar Wilde entre sus narradores preferidos. Pocas personalidades más distantes, sin embargo. Una de las más brillantes comedias del genial irlandés se llamó The Importance of Being Earnest, título que juega con la similitud fonética entre “Earnest” (formal, serio) y “Ernest”, obviamente, Ernesto. De ahí que los traductores castellanos oscilen entre La importancia de llamarse Ernesto y La importancia de ser serio. La finísima ironía del aparentemente frívolo Wilde elabora, tras la aparente superficialidad de una trama de equívocos amorosos, una corrosiva parábola sobre la impostación y la apariencia.

Nuestro Sabato, que era Ernesto, siempre creyó en la importancia de ser/parecer serio, nunca trivial ni frívolo, inequívocamente preocupado por la Humanidad y el destino del Hombre. No sé cómo se dice en inglés “engrupido” –un pecado menor al que todos estamos expuestos–, pero seguramente el trágico Wilde sabría usarlo con filosa propiedad
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Lun Mayo 02, 2011 10:11 pm

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Lun Mayo 02, 2011 10:12 pm

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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Mar Mayo 03, 2011 10:12 pm

Novelas

El túnel (1948)
Sobre héroes y tumbas (1961)
Abaddón el exterminador (1974)

Ensayos

Uno y el universo (1945, junto a Ben Molar y Julio de Caro)
Hombres y engranajes (1951)
Heterodoxia (1953)
El caso Sabato. Torturas y libertad de prensa. Carta abierta al general Aramburu (1956)
El otro rostro del peronismo (1956)
El escritor y sus fantasmas (1963)
Tango, discusión y clave (1963)
Romance de la muerte de Juan Lavalle. Cantar de Gesta (1966)
Significado de Pedro Henríquez Ureña (1967)
Aproximación a la literatura de nuestro tiempo: Robbe-Grillet, Borges, Sartre (1968)
La cultura en la encrucijada nacional (1973)
Diálogos con Jorge Luis Borges (1976)
Apologías y rechazos (1979)
Los libros y su misión en la liberación e integración de la América Latina (1979)
Entre la letra y la sangre (1988)
Antes del Fin (1998)
La Resistencia (2000)
España en los diarios de mi vejez (2004)
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Mar Mayo 03, 2011 10:39 pm

El debate por el prólogo de Ernesto Sábato que fue censurado en el Nunca Más


En 1984, como miembro de la CONADEP, su texto recibió duras críticas por parte de los organismos de Derechos Humanos. En 2006, se cambió.


El prológo de Nunca Más, el libro que denuncia las desapariciones en la última dictadura, suscitó una polémica entre los organismos de derechos humanos con su primera edición, en 1984, que abría con prólogo de Ernesto Sábato, considerado una reivindicación a la "teoría de los dos demonios".

En el texto, el escritor arrancaba: "Durante la década del ‘70, la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda".

En 2006, por iniciativa del entonces gobierno de Néstor Kirchner, se propuso un cambio a la edición original señalando, de antemano, que “es preciso dejar claramente establecido, porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes, que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado, que son irrenunciables".

En defensa de la modificación, el secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde consideró entonces al diario La Nación que "el prólogo original no reproducía la filosofía política que hoy anima al Estado en la persecución de los crímenes de lesa humanidad”. Magdalena Ruiz Guiñazú, que participó de la CONADEP y el armado del libro, se quejó: "Hay grupos que quieren adueñarse de ciertas situaciones, como hizo Kirchner hace dos años en la ESMA".

http://www.perfil.com/contenidos/2011/04/30/noticia_0024.html
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Mar Mayo 03, 2011 10:41 pm

La entrevista con Sábato que no pudo ser


Perfil.com intentó entrevistarlo la última semana. La lamentable noticia de su muerte impidió el tributo periodístico. El diálogo con su hijo y las "prescripciones médicas".




Sabido es que Ernesto Sabato no recibía a menudo periodistas, lo cual le generó cierta fama de cascarrabias, aunque en realidad sólo solicitaba que respeten su privacidad.

Este año, el Maestro de las letras iba a cumplir 100 años. Pero éste no era el único festejo que 2011 traía a su entorno. Su novela cumbre Sobre héroes y tumbas cumple 50 años desde su primera edición en 1961.

A raíz de estas fechas, Perfil.com se contactó la semana pasada con la familia de Sabato en su casa de Santos Lugares. Allí nos atendió Gladys, la empleada doméstica que los acompaña desde hace décadas quien se encontraba junto a "Luli", la nieta del escritor.

Se le explicó a Gladys que la intención era hacer un homenaje doble sobre Sabato y su obra. Asimismo, se le aclaró entonces que si bien es un hecho que "Don Ernesto" no recibe a personas ajenas a su círculo íntimo, la intención era compartir una tarde junto a él y poder realizar una semblanza sobre la experiencia.

Ante la incondicional negativa de quien cuida con celo esa familia, este medio acudió a Mario, su hijo, quien como director de cine, llevó a la pantalla grande "El poder de las tinieblas", film basado en el "Informe sobre ciegos". Luego de explicarle detalladamente la intención y el contexto de la entrevista, Mario Sabato accedió a su realización.

La generosidad de Mario lo llevó a pensar él mismo posibles tomas fotográficas, como el frente de la casa, el jardín, y posibles fotos en las que, sin tener al ganador del Premio Cervantes en un primerísimo primer plano, pudieran retratarlo dentro de su paisaje hogareño.

Perfil.com imaginó con Mario algunas posibles preguntas y se enfatizó el minucioso cuidado que se debería tener dado que se les había indicado "por prescripción médica", que no se expusiera a Ernesto Sabato a mayores agitaciones.

El tributo periodístico, que pretendía la fallida entrevista, no se pudo dar. Y las fotos, la crónica, la semblanza y las quizás escasas declaraciones del Maestro no existieron, pero su obra escapa al efímero existencialismo humano, tan vertido en su obra literaria y pictórica. Simplemente, trasciende.
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MensajeTema: Re: eRNESTO sÁBATO   Dom Mayo 15, 2011 5:44 pm

NUNCA MÁS



Por Norma Morandini



Las nuevas generaciones actualizan las preguntas que increpan a la Historia y se agregan al repertorio que ya existe como legado. De modo que el libro "NUNCA MAS" debe ser visto como lo que es: un documento histórico, casi la Biblia de lo que nos pasó. De la misma manera que la Biblia no se rescribe sino que se reinterpreta al calor y el color de las contingencias, es que debiéramos ser respetuosos con aquellos que vencieron su propio miedo y, cuando pocos en el país se animaban siquiera a querer saber, abrieron esa caja de Pandora para que se desparramaran entre nosotros todos los males del mundo. "Descendí a los infiernos", decía Ernesto Sabato en todos los idiomas. Fue el "NUNCA MAS" el que sirvió como base para acusar en un juicio sumario a las Juntas Militares, pero sobre todo fue el informe que desmontó el sistema de terror que hizo de la desaparición de personas una estrategia deliberada para evitar las pruebas a la hora de los juicios en los tribunales. Cuando, en realidad, la ausencia de cadáveres ya es la prueba irrefutable de que en nuestro país la represión fue clandestina. Una verdad que cumple con la sentencia de la filósofa alemana Hannah Arendt: "Las verdades históricas no son verdades en sentido propio, y por más probadas que estén, tanto su facticidad como su demostración son contingentes: la demostración sigue siendo de naturaleza histórica. Las verdades históricas son sólo verdaderas, es decir, universalmente convincentes y vinculantes si son confirmadas por las verdades de la razón. De este modo, ha de ser la razón la que ha de decidir sobre la necesidad de una revelación, y por ende sobre la historia".
Qué razón existe para modificar el prólogo del "NUNCA MAS" cuando, en realidad, la necesidad histórica nos exige corregir la cultura autoritaria legada por el terror e incorporarcomo cultura una verdad sencilla e irrefutable: el único que puede violar los derechos humanos es aquel que debe garantizarlos. O sea: el Estado.
Si la política es una fusión de la sociedad que expresa la acción, el pensamiento y el discurso, la revisión del pasado se hizo en los tribunales, casi a espaldas de la restauración democrática. Cuando las palabras políticas han sido vaciadas porque no expresan a la sociedad y por eso se muestran inservibles, suelen pedirse prestadas a otros ámbitos de lo humano. Y la religión es siempre una gran tentación. Nada revela mejor la impotencia política frente a las monstruosidades que comenzaban a ver la luz que la metáfora bíblica, los dos demonios con los que fue simplificada la estrategia de pacificación del primer presidente de la democracia, Raúl Alfonsín. Un falso enunciado que desvirtuó la revisión del pasado de terror y marcó el inicio de la brecha entre la política y la sociedad, porque, hoy lo sabemos, el gran cadáver que nos dejo la dictadura fue la política.
El mismo Estado que ocultó la información burocrática de la represión, en la restauración democrática no oficializó una memoria colectiva. De la misma forma que la tortura no hizo diferencias partidarias ni ideológicas, la democracia debiera cobijar bajo un mismo paraguas a los que fueron haciendo el camino de la libertad, que es plural y no se mide por el número de muertos de cada partido. La insurgencia guerrillera cometió delitos que el Estado debiera haber castigado garantizando juicios justos y no convirtiéndose en verdugo. El demonio es sólo uno: la violencia como forma de resolver las diferencias. Y si la guerra fue tan cara a la insurgencia guerrillera como a los jerarcas militares, la equiparación lleva a otro equívoco, suponer que hay guerras limpias, justas o sucias. El pasado quedó en manos de la justicia, pero se eludió el debate político sobre las causas del desquicio. Y eso es lo que falta. No modificar un documento histórico que ya en su prólogo advierte sobre las condiciones políticas de esa época. Si aún el pasado provoca ira o temor, por qué borrar en un texto lo que es, en sí misma, una prueba de la presión militar sobre el primer gobierno civil. Las nuevas generaciones corrigen la historia, como vemos hoy, que se han puesto en duda los textos que educaron a varias generaciones de argentinos por haber sido textos hechos a la medida de los vencedores, con próceres congelados en el bronce.
Modificar el prólogo del "NUNCA MAS" es como reinventar el Génesis de la democracia, sin la generosidad histórica que merecen aquellos que hicieron lo que se podía frente a un poder militar humillado pero amenazante. A pesar de esas limitaciones, sentaron en el banco de los acusados a los jerarcas de la ultima dictadura. Eso es el "NUNCA MAS": un testimonio de ese esfuerzo y coraje, un documento testimonial de la peor época de la historia contemporánea .


*Norma Morandini es escritora-periodista, senadora por Córdoba. Texto escrito como fundamento para rechazar la modificación del prólogo del NUNCA MAS en 2006, Tercer Aniversario del Golpe Militar de 1976
El proyecto de repudio fue firmado. Además, por los diputados Claudio Lozano, Emilio Garcia Mendez y Pedro Azcoiti
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