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 Sylvia Plath

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MensajeTema: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:39 pm

Sylvia Plath (Estados Unidos-1932/1963)


<table cellSpacing=0 cellPadding=0 width="100%" border=0><tr><td align=middle width="50%">Directorio</TD>
<td align=middle>Inicio</TD></TR></TABLE>
PALABRAS PRELIMINARES

La desintegración de la vida
por Cecilia Bustamante
“El no ser perfecta, me hiere”, escribió Sylvia Plath en su Diario en 1957

En los años que trabajé en la traducción de su obra, estas palabras suyas han sido la vigilante mirada que juzga las versiones aparentemente terminadas de sus poemas al español. Sylvia fue una morbosa amante de la perfección. Aquello o aquellos que perturbaron la anhelada armonía de ese paisaje que ella se había prometido en el gran escenario donde sería la estrella sin competencia posible, caerían presa de sus versos, diseccionados con fruición. Mas fue ella su presa perfecta.

Sylvia comprobó en su condición humana, el mayor y más cruel impedimento para aquella correspondencia perfecta que quería plasmar entre la vida real y sus poemas. Y se volvió contra ella misma hasta finalmente destruirse.

Traducir la poesía de la Plath significa acercarse cuanto sea posible a su perturbadora vida, a los acontecimientos que la rodearon fuera de su control y a otros que ella misma provocó. Es también familiarizarse con los seres que la trataron. Sylvia nació en Boston en 1932 y se suicidó en Londres en noviembre de 1963. A los ocho años publicó su primer poema en un diario de Boston. Siempre fue estudiante distinguida y trabajó casi patológicamente en el acuñamiento de su estilo.

Estudió eventualmente con el poeta Robert Lowell, quien años más tarde y cuando ya ella había muerto, escribió en el prólogo de Ariel que no había adivinado el genio de Sylvia Plath detrás de su máscara conformista y su aire de «enloquecedora docilidad». El crítico A. Álvarez, amigo de la Plath, anotó también sobre «aquel aire transatlántico de ansiosa complacencia.»

George Steiner, quien fue también su amigo, dice que, pese a su sonrisa de covergirl, este ser «fieramente autonegador, autocontrolador, ansioso, reticente [...] logró una poesía de deslumbrante finura y control que sólo una necesidad irresistible pudo haberlos ocasionado». Robert Lowell acierta sutilmente al hablarnos de su «controlada alucinación» y de que su poesía es «la autobiografía de la fiebre». Que «la inmortalidad de su arte (tuvo como precio) la desintegración de la vida».

Esta desintegración es característica de su estilo, se suma o nace en su estado mental latente de esquizofrenia, lo que finalmente la llevará al suicidio después del fracaso de su matrimonio con el poeta inglés Ted Hughes. Para su estado alienado, el matrimonio resultó un precipitante, otro incompatible con su furiosa búsqueda de la perfección artística.

Al confrontar las exigencias del amor, de la maternidad, no puede sino anotar que «la perfección es terrible, no puede tener hijos». Helen Vendler, una de sus críticos, observa sin embargo que muchos de sus últimos poemas antes del suicidio son «contra la perfección y a favor de los niños». Pero la mirada, como parafrasea el poeta valenciano Talens, no puede repetirse idílica sobre el mismo paisaje.

Traducir a la Plath hubiera sido casi imposible a menos que yo misma le dedicara mucho tiempo a expensas de mi propia poesía. Se trataba de repetir el mismo afán perfeccionista. Siempre he lamentado que triunfara en ella «el glamour final del suicidio» y me haya impedido trabajar consultándola como lo hice con Denise Levertov, Robert Duncan, Robert Bly y el mismo Robert Lowell Cuando me quedaba indecisa sobre algún significado he recurrido a las grabaciones hechas por la BBC. Con suerte, alguna connotación en el habla, ciertos espacios, me daban una clave efectiva. En caso de que la duda no se disipara, he preferido esperar sin darme plazos, hasta que lo dicho, sugerido, pudiera transvasarse.

Algunas veces imaginaba que, si hubiera estado viva, ella habría sido con su exigencia, enemiga de los traductores. A lo mejor hubiera acuñado otra frase tan pegajosa como la de Robert Frost: «poesía es lo que se pierde en la traducción». Conocí a Robert Frost en mi adolescencia, en Lima; estaba con Ballanchine, amable y pausado en el pleno disfrute de su fama. Me obsequió de su puño y letra aquellos famosos versos: «…the woods are lovely dark and deep,/ but I have miles to go and promises to keep/ before I sleep...» Le guardé juvenil admiración pero su famosa frase me inhibió de intentar traducirlo, pese a que su poesía es la que los traductores califican como «fácil de traducir».

Lo positivo de esta timidez fue que sus palabras me hicieron precaver sobre ciertas palabras, ideas, mundos que la traducción a veces logra revertir. Por lo general, ocurren cuando el pensamiento es hermético, oscuro o mal expresado. Una creación literaria genial tendría la propiedad de ser interpretable lingüísticamente porque es a la vez una traducción íntima y personal de lo que el ojo físico y el ojo espiritual están discerniendo como existente y verdadero. Los mecanismos expresivos que nos ofrecería son entonces abiertos y libres.

Los escritores usan las palabras como verdaderos elementos creativos que tienen la intrínseca cualidad de generar cambio: cuanto más profunda esta característica, más radical el lenguaje. Éstos son los autores que resultan más difíciles de traducir, como César Vallejo, cuya traducción por Eshelman y Barcia nunca ha sido bien examinada.

No es pues, señor Frost, poesía lo que se pierde en la traducción, ahora que estoy en las últimas millas antes de dormir he aprendido que la traducción registra la debilidad del autor en el logro de su equivalencia entre la imagen, la forma, el contenido. Se oye decir que poetas difíciles de traducir son César Vallejo, Rainer María Rilke y, naturalmente, Joyce. Sin embargo, los intentos hechos por Clayton Eshelman y Robert Bly por traducir a Vallejo han servido para informar al mundo de habla inglesa. El interés de estos poetas-traductores ha incentivado en su tiempo, como hemos comprobado, la internacionalización de una obra. El deseo de hacer conocer lo que es la vanguardia e idiomas de otras partes es positivo, heroico.

Los traductores pueden dedicar mucho tiempo a este excesivo amor que no encontrará una correspondencia total. Si existiera esa posibilidad, implicaríamos que las lenguas y los seres humanos son idénticos. Y si insistiéramos en que la traducción debe lograr la perfección de correspondencia, corremos el peligro de auspiciar una forma estática, sin proyección, parecida a la muerte. En Hebreos 11:5 se nos dice que la transportación (translación) de una condición a otra es, por definición, «sin muerte».

La traducción abre el camino hacia la universalidad con que sueñan todos los creadores y es la mayor posibilidad de translación de una cultura a otra. Los mecanismos de desmontaje y análisis operando en la traducción son para el autor una prueba de fuego, el aguarregia que desnudan el genio y la mediocridad. La dinámica de la traducción da vida nueva a una obra, en que el hecho de aceptar la propiedad intrínseca de traducible proviene esencialmente de una interpretación (del mundo).

Sylvia Plath hubiera sido, si viviera, imposible de satisfacer en cuanto a sus traducciones. Aún más considerando que lo que recalca desde los primeros versos es que no quiere revelar el nombre: «ese nombre que no quiero pronunciar». Nomenest Omen, pero ella quiere esquivar su destino intuido y cercano. Sylvia se desespera por «los siglos que me quedan por comprender antes de dormir» (los miles togo, de Frost). Los amables y seductores bosques de Robert Frost la aprisionan en su luz y también en su oscuridad. El camino que ella quiere recorrer es un desafío al entendimiento, un riesgo de muerte. La autenticidad de su visión no le da espacio para hacer un tratado con la vida y esta poeta, maga y vidente, bruja y adivina, amante del conocimiento oculto en su vida real, conjura poesía y vida, su propia historia en busca de la verdad.

Sylvia jugó siempre en las zonas prohibidas del ocultismo, el espiritismo y con su propia mente. Abandoné a tiempo las dos primeras aficiones, pero ayudaron a descifrar los signos de sus poemas. Ella se desplaza familiarizándose con la presencia de la muerte en un juego extraño en el que se comprende con Ann Sexton—y de allí extrae para sus lectores, poemas tremantes, tenebrosos, desnudos, hirientes—. Cuando escribe su poema «The Disquieting Muses» nos revela: «he tenido en la mente a lo largo de todo el poema las enigmáticas figuras del cuadro, tres terribles maniquíes sin rostro, sus vestidos helénicos... bajo una extraña y clara luz que proyectan alargadas sombras características de la primera obra de de Chirico. Los maniquíes sugieren una versión siglo XX de otros siniestros tríos de mujeres: las tres parcas, las tres brujas de Macbeth y las hermanas de la locura, de Quincey.»

Con estos datos y elementos plásticos tenemos los instrumentos para reordenar en el otro idioma la visión poética bajo la presencia del mito. Las formas deberán cobrar contenido dentro de esa «luz clara, extraña» que le es tan querida, habrá que convocarlas y hacerlas convergir en una aproximación al destino. Todo su discurso será elaboradamente trabajado, las palabras han sido elegidas, desechadas, cinceladas, confrontadas creativamente, funcionalmente, atentos el ojo y el oído y algo olvidado, el corazón. Todo este proceso lo describe el poeta en el gran poema que es toda su obra, para que el lector lo acompañe a pronunciar el nombre final: el destino que como una premisa se negó inicialmente a pronunciar.

Traducir esta vida y destino final es un acto audaz y amoroso. Durante la decodificación-translación-transportación de un sistema a otro de signos, es posible que se inmiscuyan otros signos adicionales intentando definir a otros originales y rebeldes, difíciles, cuya equivalencia puede hacernos sufrir, pero jamás traicionar aquella integridad que poseyó, por ejemplo, la Plath.

El lector puede ahora, gracias a la traducción, conocer ese mundo alucinado de esta «heroína clásica, surreal, hipnótica… este ser frágil ante lo implacable, pero persistente y a veces negativo del mundo natural…» Podemos percibir en cualquier idioma, el zumbido de «la abeja reina» que se detiene en sus poemas. Podemos reconocer mientras traducimos que el hecho de haberse identificado como imperfecta, nos hirió también.

Una versión previa se leyó en el simposio
Literary Relations and International Literature
Universidad de Texas en Austin, 1980
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:40 pm

Lady Lazarus
<BLOCKQUOTE>Lo logré otra vez,
Me las arreglo —
Una vez cada diez años.

Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie

Es un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.

Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso? —

¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.

Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí

Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.

Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.

Cómo me desenvuelven la mano, el pie —
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.

Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.

Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.

Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/

Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo

Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:

“Milagro!”
Que me liquida.
Luego una carga a fondo

Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón –
De verdad sigue latiendo.

Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre

O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien Herr Doktor.
Bien. Herr Enemigo.

Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebé de oro puro

Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.

Ceniza, ceniza —
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00

Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.

Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.
</BLOCKQUOTE>
De Ariel, Harper & Row.New York, 1965
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:40 pm

Hombre de negro
<BLOCKQUOTE>Reciben el ímpetu
Y se amamantan de la mar gris

A la izquierda y la ola
Abre su puño contra el elevado
Promontorio alambrado de púas

De la prisión de Deer Island
Con sus cuidados criaderos,
Corrales y pastos de ganado

A la derecha, el hielo de marzo
Abrillanta aún los pocitos en las peñas,
Acantilados de arenas penetrantes

Se levantan de un gran banco de piedra
Y tú, contra esas blancas piedras
Caminabas en tu órfica chaqueta

Negra, negros zapatos, cabello negro
Te detuviste allí,
Detenido vértice

En la punta lejana,
Afianzando piedras, aire,
Todo ello, al unísono.
</BLOCKQUOTE>
De The Colossus and other poems, c. 1962. Knopf, New York, 1967
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:40 pm

Daddy
<BLOCKQUOTE>Ya no me quedas no me calzas más
zapato negro, nunca más.
Allí dentro vivía como un pie
durante treintaitantos años, pobre y blanca,
sin atreverme a respirar ni decir achú.

Papacito he tenido que liquidarte.
Estabas muerto antes de que hubiese tenido tiempo
Pesado como mármol, talega llena de Dios,
estatua lúgubre una sola pezuña parda
Grande como un sello de San Francisco.

Una sola cabeza sobre el caprichoso Atlántico
Donde derrama granos verdes sobre el azul
Aguas afuera de la hermosa Nauset.
Me acostumbré a rezar para que volvieras.
Ach, du.

En la lengua alemana, en el pueblo polaco,
Raídos, nivelados por la aplanadora
De las guerras, las guerras, las guerras.
Pero el nombre del pueblo no es extraño.
Dice mi amigo el polaco.

Que hay más de una docena
De modo que no puedo acertar dónde
Tú pusiste la planta, tu raíz,
Yo nunca pude hablarte
Se me pegaba la lengua al paladar.

Se trabó en una trampa alambrada de púas
Ich, ich, yo, yo.
Apenas si podía hablar,
Creía que todo alemán eras tú
Y el obsceno lenguaje

Una máquina, era una máquina
Insultándome como a una judía.
Otro judío a Dachau, Auschwitz, Belsen.
Como judía empecé a hablar
Y pienso que muy bien judía puedo ser.

Las nieves del Tirol, la cerveza de Viena
No son tan puras ni tan auténticas.
Con mi linaje gitano y mi extraña suerte
Y mi mazo de Tarot, mis cartas de Tarot
Muy bien puedo ser algo judía.

Siempre te he tenido a ti
Con tu Luftwaffe, con tu glugluglú,
Y tu recortado bigote
Y tu ojo ario, azul celeste.
Hombre-panzer. Oh, tú...

No Dios, sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podría cernirse.
Toda mujer adora a un fascista,
la bota en la cara, el brutal
brutal corazón de una bestia como tú.

De pie estás en la pizarra, papi,
En la fotografía que tengo de ti,
Una hendidura en la barbilla
En vez de en tu pie.
Pero no menos demonio por eso, no,
No menos que el hombre de negro.

Qué puso freno a mi lindo y rojo corazón
Tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté morir
Y regresé, regresé a ti
Pensé que hasta mis huesos volverían también.

Pero me sacaron de la talega
Y me reconstruyeron con goma.
Y entonces supe qué hacer.
Hice un modelo de ti.
Un hombre de negro con aire de Meinkampf.

Amante del tormento y la deformación
Yo dije sí, sí quiero.
Así, papito, he terminado al fin.
El teléfono se arrancó de raíz,
Las voces ya no pueden carcomerme más.

He matado a un hombre, he matado a dos
Al vampiro que dijo ser tú
Y bebió de mi sangre todo un año,
Siete años si quieres enterarte,
Papito, puedes descansar en paz ahora.

Hay una estaca en tu negro, burdo corazón,
A los aldeanos nunca les gustaste.
Están bailando y zapateando sobre ti,
siempre supieron que eras tú
Papito, papito: escúchame bastardo, acabada estoy.
</BLOCKQUOTE>
De Ariel
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:41 pm

Amapolas en julio
<BLOCKQUOTE>Pequeñas amapolas, llamitas infernales,
¿es que daño no hacéis?

Se apagan y reviven. No puedo tocarlas.
En su fuego pongo las manos. Nada se incendia.

Contemplarlas me consume
Llameando así, su rojo ajado y brillante como piel
de alguna boca.

¡Una boca recién ensangrentada
pequeñas faldas sangrientas!

Hay efluvios que no puedo asir.
¿Dónde están tus opios, tus asquerosas cápsulas?

¡Si pudiera desangrarme y dormir! —
¡Si pudiera mi boca unir a una herida así!

Oh, vuestros líquidos rezuman en mí, cápsula de vidrio
Apagándose y aquietándose.

Mas, sin color, sin color. Descoloridamente.
</BLOCKQUOTE>
De Ariel
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:41 pm

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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:42 pm

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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:42 pm

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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:43 pm

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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 12:44 pm

Es tan hermosaaa
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 3:45 pm

Jodé, llegaste y has "recargao" el foro!!!! ¡cómo se ha movido esto! :mola:

Buen hilo y buena idea, esperemos que salgan más así :D

S.

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... no olvides que yo te hice la primera..."

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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Jul 28, 2008 4:12 pm

Reloaed, gracias por darme a conocver tamaña escritora! :mola:
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Ago 25, 2008 11:59 am

De nada Crow
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Ago 25, 2008 8:38 pm

:mola:
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Nov 03, 2008 11:23 am


Espejo
<BLOCKQUOTE>Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.
Cuanto veo, lo trago inmediatamente
Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.
No soy cruel, sólo veraz:
Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo
Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Que viene y se va.
Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.
En mí ella ahogó a una muchachita y en mí una vieja
Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.
</BLOCKQUOTE>
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Nov 03, 2008 11:27 am

Poetisa y novelista estadounidense. Empezó a escribir poesía de niña, estudió en la Universidad de Smith y, gracias a una beca Fulbright, en la Cambridge. Su primer libro, El coloso (1960), puso en evidencia la meticulosidad de su oficio y un estilo muy personal. Ariel (1965) está considerado como su mejor libro de poemas que, al igual que su poesía posterior publicada después de su suicidio, refleja un ensimismamiento y una obsesión por la muerte crecientes. Poemas completos, que ganó el Premio Pulitzer en 1982, fue editado por su marido, el poeta británico Ted Hughes, en 1981. La campana de cristal (1963), novela que publicó con el seudónimo de Victoria Lewis, es el relato autobiográfico del colapso nervioso de una joven. Su correspondencia, Cartas a casa, 1950-1963, preparada por su madre y publicada en 1975, ayuda a comprender sus fuentes de inspiración y su desesperación. Otras obras, publicadas póstumamente, son Cruzando el agua (1971) y Arboles de invierno (1972), ambos libros de poesía, y Johnny Panic y la Biblia de sueños, libro de cuentos. En 1982 se publicaron sus Diarios.
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Lun Nov 03, 2008 11:27 am

Sylvia Plath
La Flor del Jardín de Arena

Por Agustina Jojart
Cuando por alguna convicción, externa o propia, se está en la cima, el derrape y la muerte es el mismo fracaso. Determinadas pérdidas, en combinación con determinados perfiles, pueden llevar a cualquier persona a una fatalidad irrevocable, perfecta: el límite de cualquier climax, el del amor y el del dolor; el óvulo y las cenizas se beben en un mismo brebaje.
Para comprender una simple estrofa de la poesía de Sylvia Plath, parece ser indispensable tener presente aquella otra estrofa de su vida que se corresponde con esta primera. Si bien la suya es una poesía para entender más que para disfrutar por su estética literaria, vale mencionar la riqueza de imágenes raras, de comparaciones de elementos visualmente incompatibles, que en el conjunto de su obra hacen de Plath la flor en un jardín de arena, que se abre y es todas las flores y ninguna.
Desterrando lo convencional y fuera de una gramática y vocabulario pretenciosos, la fotografía autobiográfica de cada uno de sus poemas, encierra un particular dinamismo que está estrechamente ligado a un hecho concreto del día en el que la autora escribe.
¿El escritor es sus situaciones o sus sensaciones?... más allá de las cuestiones que aviva el interrogante, es preciso que una cosa derive en la otra. De las situaciones fotografiadas por Sylvia Plath, deducimos una sensación, un estado de ánimo, lo que se sabe y lo que se ignora. Sin embargo, es necesario conocer algo -o mucho- de su vida para saber qué paisaje y qué personajes hay en su álbum de poesías. Los invito a descifrar éste, su poema póstumo:


Límite
La mujer ha llegado a la perfección. (1)
Su cuerpo

Muerto viste la sonrisa de la realización, (2)
La ilusión de una necesidad griega

Fluye de los pergaminos de su toga,
Sus pies

Desnudos parecen decir:
Hemos llegado demasiado lejos, se terminó.

Cada niño muerto enroscado, blancas serpientes, (3)
Uno a cada jarrita

De leche, ahora vacía.
Los ha plegado

De nuevo hacia su cuerpo, así como los pétalos
De una rosa cerrada cuando el jardín

Se fortalece y los perfumes sangran
De las dulces gargantas profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene porqué entristecerse, (4)
Mirando fijamente desde su capucha de hueso.

Está acostumbrada a este tipo de cosas. (5)
Sus negros crujen y se arrastran.
Como dato referencial, vamos a situar el poema Edge en el ocaso de su vida. Lo escribe el día 5 de febrero del año 1963, es decir, seis días antes de su muerte. Ya hacía meses que Plath se había propuesto escribir una importante cantidad de poemas, y lo hacía muy temprano, de madrugada, antes de que los niños se despertaran. El contenido de este último testimonio suyo, es el balance de sus expectativas personales y profesionales. (1)Desde su adolescencia, Sylvia Plath había manifestado su afán por lograr la perfección, y para una persona como ella, esto significaba ser el último eslabón de cualquier cadena. Alcanzar la popularidad en los grupos que frecuentaba era una tarea a la que se había comprometido. Esta preocupación por obtener el prestigio de ser beneficiaria de importantes becas -Prouty y Fulbright-, y por pertenecer a determinados círculos culturales -los tradicionales brotherships (hermandades) estadounidenses- desnuda la otra cara de Plath; la mujercita visceral pasa de la vertiginosa felicidad de sus logros al pozo amargo y lodoso de sus fracasos -muchas veces, no se perdonaba ni un simple tropiezo. Nuevamente, en la segunda estrofa (2) se repite la perfección alcanzada, esta vez, en el campo profesional. Aparece ella como un fantasma de la sabiduría antigua, pero advierte que ya es un cuerpo muerto. Por eso, la palabra ilusión, crea aquí una figura espectral, algo ya intangible y no en el sentido de la esperanza de que sea realidad algún día. A partir del párrafo quinto y hasta el primer verso del sexto (3), la autora recrea, como una visionaria, la escena de la madrugada del 11 de febrero de ese mismo año. Sylvia se levantó muy temprano esa mañana, como era costumbre en ella, pero no tenía pensado escribir ese día... ese día no. Llevó a sus hijos dos tacitas de leche que dejó en la habitación, se dirigió a la cocina en donde abrió la llave de gas y dispuso todo su cuerpo en la boca del horno... pronto las nauseas... pronto el mareo... y su ansiado descanso.
El primer verso de la anteúltima estrofa (4), está cargado de disculpas; como si ella dijera: perdón por esto que hice, pero no se llore por mí porque no quiero sentir más culpas. Y el anteúltimo verso (5), hace referencia a su primer intento de suicidio en el año 1953, a los 20 años.
Como esencia de todo lo que inspira Sylvia Plath, se podría decir que es una mujer umbilical... hacia atrás y hacia delante, que acabó por ahorcarse en sus propios cordones. No soltó su pasado sin antes haberse aferrado a un presente gemelo, y otra vez, el mismo fracaso: la pérdida del padre repetida en la del esposo. Todo va dejando huellas profundas sobre su cuerpo. Algunas no se quitan con el agua ni con el amor; otras hacen nacer dioses frágiles que no son suficientes a la hora de pedir socorro.
La pesadilla de Sylvia Plath se resume en el fantasma del miedo: miedo a no ser, a no llegar, a no tener, a no poder. Ciertas personas tienen como motor de sus vidas una pesadilla, un infierno -cual fuere; ciertos escritores son seres divididos que buscan esa otra parte de sí: el infierno individual es una corriente que los lleva, los arrima a cierta orilla, los hunde, los ahoga, les da otra oportunidad, los salva...
Sólo ella sabe de qué arena su vida la hizo flor.


Última edición por Reloaed74 el Mar Nov 04, 2008 10:03 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Mar Nov 04, 2008 10:00 am

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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Mar Nov 04, 2008 10:01 am

Fue atractiva, de educación y cultura de grandes amplitudes, de enorme capacidad intelectual y poética, buena aceptación en los círculos literarios y una asombrosa precocidad para escribir. Tuvo becas, méritos, premios, fama, pretendientes. Todo ese palmarés no le bastó a su infierno interior, un despeñadero que ella trató de exorcizar a través de la escritura.
Sylvia tuvo el don de la palabra escrita y a este don se entregó y con ella su existencia en riesgo total. Como el mundo fue para ella un problema, entonces resolvió convertirse en un problema para el mundo.

"Estoy crudamente hecha para el éxito", afirma Sylvia de manera prosaica en su diario en abril de 1958.Y sin embargo no podía prever que el éxito se daría casi enteramente después de su muerte, y que sería irónico: por matarse impulsivamente dejó todo lo que más amaba, sus hijos y su valioso capital de trabajo en manos de quien consideraba su enemigo, su marido, TED HUGUES.

¿Es una casualidad que la línea de las altas exponentes de la poesía escrita por mujeres que marcaron -o hubieron de marcar- la literatura mundial, Safo, Woolf, Tsvetaeva, Plath, Sexton, Pizarnik, coincida tantas veces con la línea del suicidio?
¿Cuál es la tenebrosa relación que une el don de la palabra entregado con excelsitud a mujeres excepcionales y el costo de este terrible privilegio?
¿Es la locura la musa de la creatividad?


" Morir es un arte, como todo.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Tan bien, que parece un infierno.
Tan bien, que parece de veras.
Supongo que cabría hablar de vocación...."


Aquella mañana fría del 11 de febrero de 1963 Sylvia rompió definitivamente la campana, la prisión que la atenazaba desde su infancia. Se levantó pronto, en un acto de último amor materno preparó el desayuno a sus hijos, abrió la llave del gas y cocinó su propio cadáver.

El destino le jugó una última jugada macabra. Murió sin saber la enfermedad que padecía, EL TRASTORNO BIPOLAR, y aunque sin curación, remitía con un tratamiento tan simple como la administración de Litio.
¿Pero hubiera querido Sylvia? ¿Habría renunciado a esos magníficos poemas hechos en plena fase depresiva de su enfermedad y que modificarían la poesía americana? ¿Habría renunciado a esa póstuma fama perseguida con ahínco toda su vida y que harían de ella un mito literario?

El último poema que escribe, la víspera del suicidio, es una despedida irrevocable.

La mujer alcanza la perfección.
Su cuerpo
Muerto porta la sonrisa del deber cumplido,
La ilusión de una necesidad griega
Fluye por los papiros de su toga,
Sus pies desnudos
Parecen estar diciendo:
Hemos llegado hasta aquí, es el fin.
Dos bebés muertos hechos ovillo, serpientes blancas,
Cada uno prendido a un pellejo
De leche, ya vacío.
Ella los ha replegado
Hacia su cuerpo como pétalos
De una rosa que se cierra cuando el jardín
Se endurece y las fragancias sangran
Desde las dulces y profundas gargantas de la flor nocturna.
La luna no se habrá de entristecer,
Allá en su atalaya de hueso.
Tiene, de todo esto, la costumbre.
A rastras crujen sombras negras.

Con su muerte nos privó de esos futuros libros que surgían a borbotones de sus entrañas y que a propósito plegó de nuevo hacia su cuerpo en un último gesto de rebeldía y desafío.
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Dom Mayo 20, 2012 7:02 pm

Hoy hablabamos con Sasha y saltó el nombre de esta autora que nos trajo Reloaded en su momento. Vale la pena repasar la vida de esta gran poetisa, y por sobre todo, sus letras.
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MensajeTema: Re: Sylvia Plath   Dom Mayo 20, 2012 7:55 pm

Ayer escribí por ahí que soy como esas mujeres que siempre quieren más, que siempre tienen sed, me comparé con Pizarnik, Arbus y Wolf lamentando tener sus tormentos pero no su talento... luego caí en cuenta que, como Plath, todas se han suicidado. Por supuesto, hasta mi orgullo me obliga a salir de esa regla, tengo que sobrevivirme y ese es mi más amplio desafío, mientras tanto gozo en poder leer, leerme, a través de algunas de sus palabras y al mismo tiempo poder decir "no, esto no es tan así, también hay un gustito en siempre saber sufrir de hambre eterna, el ansia del vampiro"...

Lugares como éste me ayudan a mitigar mis hambres y tal vez a jugar intentar ser un poco como ellas plasmando retazos de mi alma, y la de otros, en relatos inmensos donde, quizá simplemente en dos renglones me encuentro yo gritando y me congratulo en un rincón observando si alguien es capaz de leerme más allá de leerme y sufriendo cuando no lo hacen, todo para volver a gritar, y así, así, así sucesivamente...

Tal vez todo esto suene descolgado pero creo que incluso es más acorde de lo que nadie puede pensar.

S.

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... no olvides que yo te hice la primera..."

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