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 William Seward Burroughs

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MensajeTema: William Seward Burroughs   Miér Oct 29, 2008 11:34 am


<table cellSpacing=0 width="100%" border=0><tr><td>

El último de aquellos beatniks
</TD></TR></TABLE>
Sobrevivió a todo: a Jack Kerouac y Allen Ginsberg, a sus propios excesos de todo tipo, a la culpa, a los exilios, a los críticos. El sábado lo mató su corazón, a los 83, en Kansas City.


Aunque las informaciones cablegráficas repitan que murió el sábado, a los 83 años, en un cuarto de hospital de Lawrence (Kansas), los lectores de William Seward Burroughs harán bien en desconfiar. Beatnik heterodoxo, perverso polimorfo, gourmet entusiasta de todas las estimulaciones del mundo, el escritor sobrevivió a demasiadas catástrofes como para que un módico ataque cardíaco obligue a escribir sobre él en pasado.
Burroughs sobrevivió a una extensa carrera de heroinómano, emprendida intencionalmente a principios de los años '40, cuando dejó su St. Louis natal y desembarcó en Nueva York, y sólo interrumpida 20 años más tarde, en una diminuta habitación de Tánger cuando, después de pasarse un mes contemplándose su propio pie, descubrió, también intencionalmente, que se estaba muriendo. Sobrevivió a una fugaz experiencia criminal en México, cuando puso en práctica su alucinada puntería de Guillermo Tell con su mujer, Joan Vollmer Adams, y la mató con el disparo destinado al vaso de vidrio que había puesto sobre su cabeza. Sobrevivió a la culpa, al exilio (Sudamérica, Tánger) y a los procesos judiciales que le deparó a fines de los '50 su novela más famosa, Almuerzo desnudo, el más eufórico descenso a los infiernos de la droga que la literatura jamás haya emprendido en el siglo XX.
Sobrevivió a la admirada envidia que le profesaron Jack Kerouac y Allen Ginsberg, los dos cómplices con los que fundó el movimiento beatnik. Sobrevivió a la policía, a los médicos, al anonimato y a la fama, y hasta sobrevivió a Kurt Cobain, que en 1992 lo convocó para grabar su voz mitológica en un tema del álbum The Priest They Called Him. Ironías de la literatura: en 1993, Christopher Silvester, profético editor de una antología de reportajes, concluye el prólogo a la entrevista de Burroughs dándolo por muerto... en 1996.
Esa extraordinaria voluntad de persistencia es apenas la cara visible de la energía que consumió la vida y la obra de Burroughs: la energía de experimentar. Con su propio cuerpo, con la literatura, con la tecnología (no en vano Burroughs, ese Marshall Macluhan políticamente incorrecto, era nieto del inventor de la máquina de calcular), con las formas monstruosas que empieza a asumir el mundo contemporáneo. Ya en sus primeros libros (Yonqui y Queer, de principios de los años '50) aparece trazada la prodigiosa continuidad entre experiencia y ficción que marcaría toda su carrera. En 1959 publicó Almuerzo desnudo, la perfecta autobiografía de un heroinómano: libro radical, una biblia atroz que expande límites sin pudor y sin la menor sombra de autocompasión. Los temas: droga y sexualidad, la aleación que lo cubriría de escarnio y de prestigio. Las formas: una escritura salvaje, de una nitidez casi clínica, experta en el montaje de géneros, materiales y texturas que la literatura pocas veces se había atrevido a hacer coexistir. Este gran libro de drogón es también un gran libro de vidente que anuncia el mundo del porvenir. Un paisaje de paranoia y control planetarios.
Con Almuerzo desnudo nació el mito Burroughs. El resto de su obra es vasto, intrincado, a menudo ilegible. Libros como La máquina blanda, El boleto que explotó (próximo a aparecer en castellano) o Expreso Nova son nuevos atajos de un camino sin retorno, solitario y encarnizado, donde la experiencia estalla en jirones casi irreconocibles. La herencia Burroughs, sin embargo, no es libresca. Leída o no, conocida o rozada de segunda mano, su prosa y su figura fermentan desde hace décadas en los márgenes del mundo literario: en el rock (Patti Smith, Lou Reed, Soft Machine y David Bowie son algunos de sus deudores reconocidos, esto sin mencionar que U2 lo homenajea en su último video "Last nigth on heart"), en el cine (la versión Cronenberg de Almuerzo desnudo, el gurú adicto que Burroughs interpreta en Drugstore Cowboy, de Gus Van Sant), en todas aquellas regiones de la experiencia donde la vida busca transformarse en otra cosa.


Por Alan Pauls
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MensajeTema: Re: William Seward Burroughs   Miér Oct 29, 2008 11:35 am

Burroughs escribió a lo largo de cuarenta años. Algunas de sus obras más relevantes son:

  • Yonqui (1953), bajo el seudónimo de Bill Lee
  • El almuerzo desnudo (1959), escrita en Tánger, un lugar que apreció singularmente.
  • The Soft Machine (1961)
  • Nova Express (1963)
  • Los chicos salvajes (1971)
  • Exterminador (1973)
  • Ciudades de la noche roja (1981)
  • El lugar de los caminos muertos (1984)
  • Marica (1985)
  • Tierras del Occidente (1987)
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MensajeTema: Re: William Seward Burroughs   Miér Oct 29, 2008 11:36 am

Literatura:


La obra de Burroughs comenzó siendo formalmente convencional aunque sus temáticas no lo eran. Es el caso de sus obras primerizas como Yonqui o Queer (Marica, que no fue publicada hasta 1985).

Posteriormente se entregó a la experimentación formal con mayor o menor éxito. Técnicas como el cut-up (que aprendió de su amigo Brion Gysin) consistente en collages narrativos o un esfuerzo denodado por destruir las normas sintácticas y semánticas sin perder el sentido de lo relatado. De esta época proceden Nova Express, La Máquina Blanda o El Almuerzo Desnudo.

No se debe considerar esta experimentación como algo sin objetivo. La peculiar filosofía de Burroughs, que en definitiva es la que ha dado trascendencia a su obra, es casi mesiánica.

Según Burroughs, el ser humano está alienado por el lenguaje. Considera que el lenguaje (y las normas gramaticales y sintácticas que le caracterizan) es un organismo parásito, un virus, que ha elegido nuestras mentes como hábitat. El lenguaje (y más aún la razón) aplasta nuestra naturaleza real y crea un universo para nosotros en el que existe el tiempo, la muerte y prácticamente todos nuestros males.

El problema se complica porque los seres humanos infectados no saben que lo están. Según su propia analogía, "la cárcel perfecta es aquella en la que no sabes que estás dentro de una cárcel". Para Burroughs el lenguaje es una cárcel perfecta porque parece increíblemente amplia y espaciosa. Sin embargo, el lenguaje sólo permite llegar a donde sus propias combinaciones y secuencias permite, dejando más allá el territorio real de la mente humana, que es el espacio y no el tiempo.
Para Burroughs, la auténtica revolución no es de índole social, sino mental. Deshacerse del virus lenguaje es el primer paso. La guerra contra este virus establece una continuidad en gran parte de su obra, donde los protagonistas (humanos, extraterrestres, seres inorgánicos, demonios) están claramente de un bando o de otro y se enfrentan violentamente, sin reglas de ningún tipo.

Los esfuerzos de este autor por trascender las reglas del lenguaje consiguen finalmente destruir esa tiranía inherente, de tal manera que Burroughs consigue expresar imágenes y mundos como nadie ha podido antes. No se puede afirmar, empero, que haya conseguido este objetivo desde el primer momento. Las obras anteriormente mencionadas en ocasiones rozan la ilegibilidad y exigen un esfuerzo considerable por parte del lector. No es sino hasta su madurez, con la trilogía Ciudades de la Noche Roja, El Lugar de los Caminos Muertos y Tierras del Occidente donde este autor consigue el equilibrio entre accesibilidad, experimentación y revolución.

En estos tres libros, auténticas obras maestras, la destrucción del lenguaje se lleva a cabo de manera tan sutil que en la práctica el lector no se da cuenta de que en realidad el texto está violando todas las reglas del lenguaje, logrando además que el texto se transforme en imágenes de modo fluido. Como ejemplo, esta cita de El Lugar de los Caminos Muertos.

"-Saca una foto de eso, es puro Venus, amigo mío... Y Urano, donde los uranianos se sientan en sus casas azules de pizarra en frío silencio azul... Kim quería explorarlos todos nuevos peligros nuevas armas, "mares peligrosos en desolados países de hadas" ansiaba drogas placeres desconocidos y una distante estrella llamada HOGAR."
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MensajeTema: Re: William Seward Burroughs   Miér Oct 29, 2008 11:37 am

Aca les dejo una pagina que tiene datos preciosos del gran autor: http://www.elortiba.org/burroughs.html
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MensajeTema: Re: William Seward Burroughs   Miér Oct 29, 2008 11:37 am

"La gracia me llegó en forma de gato" Por Juan Gelman

“La gracia me llegó en forma de gato”, anotó William Burroughs en sus diarios finales; especialmente en forma de Riski, su preferido. El ídolo de los beatniks quería bastante menos a los seres humanos, pensaba que el amor “es mayormente un fraude, una mescolanza de sexo y sentimentalismo que ha sido sistemáticamente vulgarizada y degradada por el virus del poder”. Estos diarios no son el canto del cisne de un gran heterodoxo: más bien dan testimonio de las imposiciones de la vejez, como “Qué es el mundo”, el poema que Beckett escribiera un año antes de morir. El título de los diarios, publicados en el 2000, es sin duda adecuado: “Last words”. Hace además referencia a la fascinación del autor de El almuerzo desnudo por el delirio terminal del gangster Dutch Schultz –rigurosamente transcripto por un taquígrafo de la policía– que lo llevó a crear un guión cinematográfico sobre el tema. Felinos aparte, en estas páginas abundan otras entidades no humanas, demonios, extraterrestres que él no ve y espíritus de diversa especie que sí ve.

“Una vez pregunté en un sueño a un espíritu maligno italiano ‘¿quién eres?’ Y él se reía y se reía, y siguió riéndose en una laguna oscura de mármol contra un decorado italiano y era deliciosamente maligno”, apunta quien compusiera Yonquis, ese cuasi tratado sobre la drogadicción. Burroughs había regresado a la ingesta de drogas a los 63 de edad, luego de 18 años de abstinencia. James Grauerhotlz, editor y prologuista de los diarios, describe la vida cotidiana de Burroughs entonces y hasta su muerte en 1997. Habitaba una cabaña de dos ambientes en Lawrence, Kansas, con rosales en el porche y una etiqueta en la puerta que informaba de la presencia de gatos en el interior que debían ser salvados en caso de emergencia. Comenzaba la mañana con una inyección de metadona y un desayuno suculento. Después de mediodía practicaba tiro al blanco con pistola y cuchillo. El tiempo de los tragos llegaba a las 15.30 en punto y solía trabajar en sus diarios hasta la cena con amigos. Se acostaba a las 9 de la noche, no sin antes hacer una ronda alrededor de la cabaña pistola al cinto.


Burroughs había cambiado. Atrás quedaban las larguísimas tenidas de droga y alcohol. En una de ellas –es notorio– mató a su mujer cuando trataba de partir con un tiro la manzana que ella tenía sobre la cabeza. Sucedió en México y en estos diarios afirma que equivocó el disparo porque estaba poseído por “El Espíritu Feo”. Consigna que se comunica con los muertos, fabrica conjuros, opera una “máquina deseante” que le permite el acceso a una suerte de soñar despierto, reconoce espíritus que lo protegen y demonios que lo asaltan. Estos raptos de ocultismo y magia negra alternan con las expresiones de odio que propina a humanistas negadores de otras dimensiones y a la irracionalidad de un mundo que usa el disfraz de la razón. Burroughs tenía conciencia plena de los campos de concentración, del racismo y la censura, de las seguridades que deshumanizan. Su obra, como la de Daumier o Goya, es una sátira violenta contra el autoritarismo y una parodia de los amantes y ocupantes del poder.

Burroughs precisó estas posiciones en una entrevista radiofónica que Eric Mottram le hiciera para la BBC de Londres en 1964 con motivo de la prohibición de sus libros. “El virus del poder –dijo el autor de Nova Express– se manifiesta a sí mismo de muchas maneras. En la construcción de armas nucleares, en prácticamente todos los sistemas existentes que procuran anular la libertad interior, es decir, controlarla. Se manifiesta en la extrema sordidez de la vida diaria en los países occidentales. Se manifiesta en la fealdad y la vulgaridad que vemos en las personas y se manifiesta, por supuesto, en las enfermedades causadas por el virus. Por otra parte, los que resisten están en todas partes, pertenecen a todas las razas y naciones. El que resiste puede ser definido simplemente como un individuo que tiene conciencia del enemigo, de sus métodos operativos, y que está empeñado activamente en combatir a ese enemigo.” Bush hijo incluiría a Burroughs en la lista de terroristas más buscados.

La escritura de estos diarios es similar a la de sus novelas, en las que se entrecruzan sueños, fragmentos de relatos en borrador, citas propias y de otros autores, frases de periódicos y revistas, versos de viejas canciones, ideas que aparecen al correr del pensamiento, párrafos de cartas a los amigos carentes de todo contexto personal. Es la técnica del “cut-up” –“cut and paste”, se diría en lenguaje cibernético– o del collage, tan empleada en la pintura. Burroughs grababa al azar ese material aparentemente inconexo, escuchaba luego la cinta y la detenía en un punto para pasar a máquina una frase o varias. El segundo paso consistía en componer un texto doblando una de las páginas mecanografiadas e instalando la mitad en otra página “con la intención de alterar y expandir estados de conciencia en uno mismo y también en los lectores”. Decía que las palabras “están vivas como animales, no les gusta que las enjaulen. Corten las páginas y dejen a las palabras en libertad”.

La obra de Burroughs fue muy criticada y aun atacada –censurada además– por su exposición sin tapujos del sexo, el alcoholismo y la drogadicción. Anthony Burgess fue uno de los pocos que descubrieron muy temprano su naturaleza innovadora: “Si algún escritor hay que puede reanimar una forma agotada y mostrarnos lo que todavía es posible hacer con una lengua que Joyce pareció exprimir hasta dejarla seca, ése es William Burroughs”. El que amaba a los gatos.
Lo vi en un encuentro internacional de poesía que tuvo lugar en Roma a fines de los años ‘70. Menudo, delgado, con sombrero panamá, impecable traje gris, camisa blanca, corbata al tono y coca-cola en mano, pasaba entre los asistentes de manera inadvertida, casi sigilosa. Recordé las impresiones de Paul Bowles cuando en 1961 Burroughs lo visitó en su lecho de enfermo en Tánger: “Su figura era tan tenue que su presencia en la habitación era incierta”.

Fuente: Página 12, 04/01/04
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MensajeTema: Re: William Seward Burroughs   Miér Oct 29, 2008 10:22 pm

Un hilo brillante en el que aportaré con pasión.

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